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Conclusiones de la información

EL TURISMO, SUS IMPLICACIONES TERRITORIALES Y ECONÓMICAS

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Características y evolución de la demanda de alojamiento turístico
Durante 2.000 el número total de turistas alojados en Tenerife se situó en torno a los 4.725.775, con unas 41 millones de pernoctaciones; esto supone un incremento de casi tres veces en el número de turistas alojados con respecto a 1985 (1.653.000) y más del doble en número de pernoctaciones (18.300.000) registradas en dicho año, lo cual se explica debido al descenso durante este periodo de la estancia media en 2,4 días. El índice medio de crecimiento anual acumulativo ha sido respectivamente (en turistas y pernoctaciones) del 7,38% y del 5,7%, pero la evolución de dichos índices no ha sido en absoluto homogénea a lo largo de este período, experimentando variaciones interanuales bastante más marcadas que las de la oferta. Durante la décad de los ochenta se registra un ciclo de fuertes incrementos que culmina en el año 87, cuando se alcanza un máximo absoluto del 18 % en el crecimiento de turistas alojados y del 16,7 en el nímero de pernoctaciones; Entre 1987 y 1990 disminuye la intensidad del crecimiento, para volver a subir puntualmente en el año 91; el año 92 bajan bruscamente los índices y se entra en una fase de descenso generalizado en los índices de crecimiento si bien con numerosas alternativas; este proceso desemboca en el pasado año en unos ídices de crecimiento de 1,8% para el número de turistas y del -0,7 en el de pernoctaciones.

EVOLUCIÓN DE LOS ÍNDICES DE CRECIMIENTO DE LA DEMANDA TURÍSTICA (1986-2000)
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
Crecimiento
pernoctaciones (%)
11,4
16,7
13,2
-2,05
0,2
13,4
7,6
7,2
10,0
0,4
-2,9
3,9
3,4
3,8
-0,7
Crecimiento nº
turistas (%)
14,6
18,1
12,0
5,1
3,2
15,1
6,0
6,6
10,7
4,5
1,0
3,8
2,0
6,3
1,8

La oferta alojativa y la afluencia turística en número de pernoctaciones mantienen comportamientos paralelos, si bien la oferta refleja con menos brusquedad y algo más tardíamente que la demanda las variaciones en la evolución del crecimiento. El factor que amortigua la relación entre ambos componentes es el porcentaje de ocupación medio, que se oscila en este periodo entre el 58% en 1990 y el 72,5 en 1986%, con un valor medio ponderado del 67,6%. La distribución territorial por zonas del número de pernoctaciones para los años 1995 y 2000 (y el peso relativo de cada una sobre el conjunto de la demanda) es la que a continuación se recoge, que resulta bastante análoga a la de la oferta:

PDF (29Kb)
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AÑO
1995
2001
ZONA
Nº pernoctaciones
% en la isla
Nº pernoctaciones
% en la isla
Area metropolitana y costa este
742.714
1,94
785.645
1,91
Valle de la Orotava y resto del norte
8.274.799
21,67
8.855.978
20,46
Costa sur-suroeste
29.169.878
76,39
31.885.978
77,63

El escasísimo peso del área capitalina corrobora lo ya señalado en cuanto a que se trata de una zona marginal, que no participa del mismo mercado turístico que el resto de la isla y que -a su vez- se conforma por dos subsectores diferenciados: el del turismo urbano en Santa Cruz y La Laguna y el turismo interior en la costa lagunera.

Centrándonos pues en lo que estrictamente debe ser considerado territorio turístico (el Puerto de la Cruz y su entorno, de un lado, y la costa sur-suroeste, de otro), las diferencias más significativas entre ambas zonas desde el punto de vista de la demanda serían:

  • En primer lugar, el comportamiento opuesto en la evolución cuantitativa; si en 1985 cada zona albergaba a un número similar de turistas (785.000 cada sector), en el año 2.000, las tres cuartas partes de los turistas se alojaron en el sur.
  • En segundo lugar, en coherencia con la distribución territorial de la oferta, en la zona norte pesa más la demanda hotelera (63% del total) que en la sur (donde sólo alcanza el 45%).
  • El norte, de otra parte, ha mantenido siempre mejores porcentajes de ocupación que el sur (quizás parcialmente explicable por el mayor peso relativo hotelero); sin embargo, las diferencias entre ambas zonas en este aspecto se han atenuado notablemente en los últimos diez años (en 1985 las tasas relativas de ocupación eran del 78 y 68%), de tal modo que las diferencias en 1995 se han reducido a sólo 4 puntos y el el 2.000 a 3,4.
  • Por último la demanda del norte presenta algunas diferencias cualitativas: un mayor peso relativo del turismo nacional (sobre un 51%, frente a un 10% en el sur) y alemán (23% en el norte frente al 12,7 del sur), en cambio, poca presencia de ingleses (9,2% frente al 46% en el sur), una edad media algo más elevada, una mayor diversificación de intereses frente a la caracterización más homogénea de la afluencia del sur y una media algo superior de gasto por persona y día. En gran medida, la mayor diferenciación de la demanda del norte tiene mucho que ver con los esfuerzos de gestión por parte de la oferta para lograr consolidar una afluencia turística, ya que no pueden competir con el sur en cuanto a la captación cuantitativa del turismo masivo.

En términos generales, la demanda turística tinerfeña se ha caracterizado por la escasa incidencia relativa de la estacionalidad, de modo tal que en todos los meses del año se mantiene un número considerable de estancias alojativas en la isla. De la evolución de los últimos 20 años se comprueba, además, que la estacionalidad ha tendido a mitigarse cada vez más.

El análisis diferenciado de la demanda entre alojamientos hoteleros y extrahoteleros muestra que los primeros han mantenido siempre un porcentaje de ocupación más alto que los segundos, con diferencias que oscilan desde los 14 puntos en 1985 (76,3 y 62,4%) a los 4 puntos en 1989 (63 y 59%) y a los 11 puntos en 2.000 (73 y 62%). La mayor tasa de ocupación de los establecimientos hoteleros no obedece apenas a preferencias de la demanda, sino basicamente a que la gestión de este tipo de oferta es mucho más eficaz que la de los apartamentos (por motivos evidentes de mayor exigencia empresarial). El negocio hotelero requiere la permanencia continuada en el mercado y garantizar tasas de ocupación suficientes, mientras que la oferta de apartamentos -con menos costes y más diversidad de fórmulas de explotación- admite mayores márgenes de maniobrabilidad (incluyendo la retirada temporal de plazas).