Conclusiones de la información
LA INDUSTRIA Y EL COMERCIO
La ordenación de la actividad comercial
La localización de la actividad comercial en la isla de Tenerife se había caracterizado hasta un periodo reciente por una distribución
muy homogénea en el territorio, con características minifundistas. Tan sólo a finales de la década de los años ochenta, empiezan a
aparecer centros comerciales de tamaño medio, que anuncian un proceso de transformación ya muy extendido en otros territorios
densamente poblados. Esta transformación está en consonancia con el cambio generalizado en los hábitos de compra de los
consumidores, consecuencia del incremento general del nivel de vida. La introducción de nuevas tecnologías y la reducción de costes
que lleva implícita, impulsa este proceso, propiciando la aparición de una oferta más concentrada y con un nivel superior de gestión.
Así, se empieza a asistir en la isla de Tenerife al lento declive de los comercios y tiendas tradicionales, y a la recesión de los
supermercados de tamaño medio, frente a la aparición y consolidación de centros comerciales de un mayor volumen y a la puesta en
funcionamiento de hipermercados y centros comerciales de gran tamaño. En este contexto se ha mostrado como imprescindible la
ordenación del comercio desde tres vertientes claramente diferenciadas: por una parte la definición de las condiciones en que puede
desarrollarse el comercio tradicional, entendiendo como tal el ligado a los tejidos urbanos de los núcleos principales de la isla; por otro
lado la regulación de la implantación de grandes instalaciones mayoristas y de almacenaje y distribución, y, finalmente la regulación
de la implantación de las grandes instalaciones comerciales aisladas que, por la capacidad de atracción de público y la centralidad que
generan requieren de unas condiciones de ordenación muy específicas.
La ordenación del comercio tradicional como actividad directamente ligada con los núcleos residenciales y turísticos de la isla debe ser
abordada en la ordenación de dichos núcleos, teniendo en cuenta sus necesidades específicas. Otro tanto sucede con las actividades de
almacenaje y con los grandes comercios mayoristas que, por su relación con el suelo industrial quedan inmersos en la ordenación de
este tipo de suelo. Distinto es el caso de las grandes superficies comerciales minoristas, la capacidad de atracción de usuarios de este
tipo de instalaciones es de tal calibre que las configura como áreas urbanas por sí mismas y exige de la imposición de exigencias con
respecto a su relación con las infraestructuras y con el resto de las áreas urbanas.
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