Cabildo de Tenerife

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Consenso, equilibrio y progreso para el futuro del Agua en Tenerife

Consenso, equilibrio y progreso para el futuro del Agua en Tenerife

Hace algún tiempo, hubo gente en Canarias que interpretó estas Islas como siete barcos de piedra varados en medio del Atlántico. Siete barcos con una enorme tripulación sedienta, a la que había que garantizarle un adecuado suministro de agua. Y esa gente consideró que, al ser esencial para la vida, el agua tendría que ser controlada y poseída por el interés público y sus representantes, que era el Gobierno.

Esa visión -y la regulación jurídica que llevaba aparejada- chocó contra quienes durante años y años habían protagonizado con su propio y solitario esfuerzo la búsqueda de agua en las islas húmedas. Gente que había financiado la construcción de galerías y canales, que había subido a las montañas materiales en burros de carga. Pequeños ahorradores que habían conseguido regar sus fincas con las aguas de galerías y de pozos.

En Canarias chocaron dos mundos. Y cada uno se situó en un extremo, creyendo tener la razón absoluta. Pero la razón suele estar en el sentido común, en la prudencia y en la moderación. La razón suele estar lejos de cualquier extremo.

El Cabildo de Tenerife siempre ha entendido la importancia del agua para el desarrollo de esta Isla. Hace dos décadas que se creó el Consejo Insular de Aguas. Dice el tango que veinte años no es nada, pero se equivoca. Veinte años son muchos años. En veinte años se ha producido el encuentro entre el mundo del que venimos y el mundo al que vamos.

Pero mucho antes, ya el Cabildo formaba parte de este complejo mundo del agua para favorecer el entendimiento entre quienes hicieron posible la agricultura, y contribuir al mismo tiempo al desarrollo de Tenerife con infraestructuras y ayudas necesarias para la adaptación a las actuales demandas.

No existe nada que se construya sin esfuerzo, sin estudio, sin preparación, aprovechando los mejores materiales y talentos. Esto es lo que ha hecho el Consejo Insular de Aguas. Convertirse en el crisol donde se han entendido y gestionado todas las visiones del mundo del agua en nuestra isla, conciliando el paulatino y progresivo encuentro entre el mundo del agua que fue, el mundo que es y el mundo que será.

La solución a nuestros problemas de futuro no está en las aguas de naciente que podamos seguir aprovechando con una utilización responsable y científica del recurso de las galerías, permitiendo la recarga de los acuíferos y siguiendo las determinaciones del Plan Hidrológico Insular.

La solución está en la obtención complementaria de importantes caudales de agua a través de procesos de desalación. Y está en el uso responsable de las aguas de consumo humano, tratadas para su reutilización o para evitar su impacto en el medio ambiente.

Hemos hecho muchísimo en el terreno del uso de las aguas en Tenerife. Lo hizo primero la iniciativa privada, los propietarios de galerías y pozos, que conocían a la perfección las entrañas de esta tierra, los agricultores que cuando no existía administración y no se invertía en el agua, fueron capaces de poner en pie un sistema de distribución de ese recurso por toda nuestra isla, creando un mercado eficiente que funcionó perfectamente durante muchos años.

Y lo hizo después el Cabildo de Tenerife, creando infraestructuras de almacenamiento para aguas de naciente que de otra manera se habrían perdido por los barrancos. Invirtiendo en la obtención de agua a través de procesos de desalación y depuración.

Lo ha hecho trabajando en obras hidráulicas por toda la isla, en la prevención de avenidas, en el saneamiento y preparación de barrancos y en la elaboración de un complejo y riguroso Plan Hidrológico de Tenerife que hemos aprobado este mismo año, después de muchísimo trabajo. Y, sobre todo, lo ha hecho el Cabildo apostando por entender que no se puede construir el futuro si no se hace sobre los pilares del pasado. Que lo mejor del mañana también está hecho de lo mejor del ayer.

Paralelamente hemos intentado explicar que todo cambia. Que quien se niega a evolucionar acaba extinguiéndose. Que los extremos son malos. Pero los dos. Y que tan equivocados estuvieron los que quisieron fabricar una nueva realidad en el mundo de las aguas canarias cargada de buenas intenciones pero sin reconocer el pasado, como quienes quieren que las mismas reglas y estructuras del pasado sigan vigentes en un presente y en un futuro para el que ya no valen.

Somos más de un millón de personas en esta maravillosa Isla. Y tenemos cinco millones de visitantes cada año. Todo tiene que cambiar para que nada cambie. Para que nuestra isla siga siendo un lugar en el que merece la pena vivir. Desde la protección del paisaje y el medio ambiente hasta el uso del suelo o la obtención del agua o la energía, todo tiene que adaptarse a una nueva realidad en la que debemos hacer posible la coexistencia de los legítimos intereses privados con los no menos legítimos intereses públicos.

En ese equilibrio está la verdadera alianza del progreso. En esa sinergia que aprovecha lo mejor de cada uno de nosotros están las bases de un desarrollo sólido y próspero. Este Cabildo ha planteado un pacto para construir un futuro mejor partiendo de la alianza con el poderoso y eficiente mundo de las aguas tinerfeñas que fue protagonista de nuestro pasado y que tiene un papel que cumplir en el futuro.

¿El mismo papel de siempre? No. Sin duda que no. Pero uno muy importante. Lo hemos hecho con la herramienta del Consejo Insular de Aguas, oyendo sus opiniones, considerando sus argumentos, sin extremismos, desde la moderación y la prudencia. Pero también desde la firmeza y la exigencia de responder a las necesidades de nuestros miles de ciudadanos.

Creo que vamos por el buen camino. Veinte años de vida del Consejo Insular de Aguas son la mejor prueba de que lo hemos conseguido. Como siempre, como en las mejores familias, hay flecos pendientes. Hay quienes piensan que deben ser mejor tratados en la mesa. Y quienes piensan que hay que tener una mano más dura con los miembros más díscolos.

Pero lo importante es que pese a las distintas opiniones estamos unidos por el interés del desarrollo de Tenerife. Y ese pegamento, esa idea superior en la que todos estamos comprometidos, hará que finalmente seamos capaces de entendernos y superar las ocas diferencias que aún nos separan.

Esa es mi esperanza. Esa es mi confianza. Porque sé que si hay algo que está por encima de nuestros intereses particulares, de unos y de otros, es nuestro firme e inquebrantable amor por esta Isla en la que se hunden las raíces de nuestros abuelos y crecen los frutos de nuestros hijos.

Felicidades a todos los que han hecho posible estos 20 años de trabajo del Consejo.