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La Matanza de Acentejo

La Matanza

El municipio de La Matanza de Acentejo, que ocupa 14,11 kilómetros cuadrados en el nordeste de Tenerife, debe su nombre a la batalla que tuvo lugar en esta zona durante la conquista, en la que las tropas indígenas del mencey Bencomo de Taoro derrotaron al ejército castellano comandado por Alonso Fernández Lugo.

La Batalla de Acentejo aconteció en mayo de 1494 convirtiéndose en una de las mayores derrotas del ejército castellano fuera de territorio peninsular, emergiendo como héroe a medio camino entre la realidad y la leyenda la figura del achimecey Tinguaro. La tradición nos dice que este guerrero era hermano de Bencomo, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los símbolos del municipio, representado en una escultura en bronce ubicada a escasos metros del Ayuntamiento. El eco de ese acontecimiento y su impronta en la historia local se ve reflejado en otros espacios y elementos, como el mural alegórico a la batalla localizado a la entrada del municipio desde la TF-5 o el propio logotipo municipal.

La Matanza limita con La Victoria de Acentejo, Candelaria y El Sauzal, y su punto de mayor altitud se sitúa a 1589 metros sobre el nivel del mar en Lomo del Jugo. Destaca su vegetación en los acantilados de la costa, donde pueden encontrarse matorrales de tomillo marino (Frankenia ericifolia), lechuga de mar (Astydamia latifolia), leña negra (Rhamnus crenulata) y granadillos (Hypericum canariense) así como tabaibal-cardonal. En la cumbre destaca el fayal-brezal y los pinares de Pinus canariensis y Pinus radiata.

También destaca su importante franja de castaños, recuperada en los últimos años por parte del Ayuntamiento y los cosecheros en una iniciativa de gran alcance que ha logrado poner nuevamente en valor a la castaña y su cultura en toda la Isla. Ese manto de castaños se puede observar de manera privilegiada desde Los Nateros, un entorno natural y paisajístico único rodeado de parcelas agrícolas y con las Montañas de San Antonio como hitos más destacados.

Una buena parte de las tierras matanceras fueron dedicadas tras la Conquista al cultivo de la vid, iniciándose desde entonces una relación muy especial del municipio con el vino, caldos de reconocido prestigio que han cosechado a lo largo de los años numerosos premios y han logrado conquistar los paladares más exigentes.

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